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lunes, 17 de julio de 2017

Flores de Hospital-.

A través
de gerencias interminables
de injerencias subversivas
de complexiones atléticas desperdiciadas,
de pechos tatuados con volcanes incipientes,
de sucintas legitimaciones aéreas, de sombras
atenuadas por el impacto sucesivo de estelas,
guardarropas, prohibiciones elementales.
A través
de compulsiones decisivas,
de conversaciones infinitas,
de constelaciones rotas por las vértebras,
de círculos magnéticos iniciados como un bosque
en paralelos omóplatos, en divergentes acentos
interpuestos.
A través
de agónicos intentos,
de pólenes insensibles,
de rosas imperfectas,
de colibríes inciertos,
de rocas humedecidas por los labios internos.
A través
de hundimientos, fracasos, lluvias,
huracanes, comprobaciones y tubos de ensayo,
de salivas, asuntos inmisericordes, de sombrías
razones acorazadas.
Compitiendo admirablemente
contrastando los rayos insensatos,
constatando iris ahusados permutables
por flores virginales, aplausos, ovaciones
limitadas, cuellos de botella como aplastamiento,
huesos y fosas, cabellos y zonas airadas, áreas
compungidas de señuelos y rotas cavernas.
Con traumáticas elecciones, desviaciones ferroviarias,
límites lineales, rieles ungidos, óxidos químicos, sangres
disueltas, acacias diluidas en veneno.
Y un tristísimo apéndice
arremetiendo entre vértices de arena,
con carburantes herméticos, con espátulas
de cal, de arsénico, de yeguas envalentonadas.
Varios cristales resumen el cielo,
varios afectos disuelven el sagrado firmamento,
donde rosas y ganglios ocupan las estrellas
por instantes.

De lenguas vernáculas,
de fallecimientos ocultados,
de decesos inventariados,
de perros estelares, de profesores
adverbios y cánticos crepusculares,
de raíces y sanas costumbres.

De hábitos y sombras negras,
de raíles inmensos, de efectivas
clínicas del odio, del espanto,
de torres muertas entre soles y yerbajos.

Así me llega tu espuma diversa,
tu mandíbula de madera, tu erecta
fórmula, contraviniendo las órdenes
y los ciclos del agua.

Me llega con prurito de agonía,
con nardos de radios estropeados,
con caudillajes y dicterios improbables,
con termómetros y sangrías indigestas.

Con esputos y molestias estomacales,
con rosas en los pómulos, con abstracciones
incólumes, con letras de abecedario nocturno.

Tú vienes, con espermas en la mano
y con savia inaccesible, con raíz de aquel diente,
y con ruedas metálicas de sables y sobres y papeles.

No te tengo, en la mano, una certeza
un periódico de noticias atrasadas,
de asperezas conventuales, de nocivos
ramos de inmensa negación y árida belleza.


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