domingo, 12 de marzo de 2017

Ciudad desecha-.

¿En qué terrible página,
cuya acuñación todavía
persiste nimbada de ese crepúsculo
que otorgan los dioses a un níveo
esplendor callado, mi signo se oculta
y disloca? Caballero portentoso, de
relucientes armas, mi vida carece argumento
o trama. Miro, y observo, en detalle,
el silencio que, como una agrupación de terrores,
escondo en mi interior. Una nube blanca
de mosquitos, paralizaría mejor a esa arriesgada
y vindicativa libélula que, ante mí, magnética se alza.
¿Qué me ocurre, oh Señor, para así, guardarme
de mis hermanos, ser poderoso en la falacia,
y preservar el rayo justo detrás de un armario delicuescente?
¿En qué mentira depositar ya mi néctar
enjundioso, mi profecía eterna, mi ambrosía
díscola y alfarera?

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