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domingo, 23 de julio de 2017

Dicha del alma-.

Me aferro a mis palabras
que son hambre de buitres
retornados de los fríos glaciares
a los almendrados ojos castaños
de la chica de al lado, a los mensajes
ocultos en la roca viva, maternal y
agreste. Dicha de todos los instantes,
regresaría a cada uno de ellos, inmediatamente.
Saltando de valle en valle, con la alegría
propia de quien nunca se escapa ni se evade
de su cuerpo, de su robustez y de su disciplina
de vida. Exclusivamente individual, mi propia
medicina, son las palabras que ejecuto, las sílabas
que perforo en el alma vieja del pergamino, las
rústicas letras que se imprimen con cansancio
de máquina, sobre el papel mojado de mi asilo.
Me alzo como guerrero, idólatra de las rocas,
de los despeñaderos, de los feraces desfiladeros
que confieren magia a los días nutrientes y soleados.
Mi curtido cuerpo es una enseñanza alimenticia y real.
Mi espíritu, si existe, se tornará seguramente águila
o acero indestructible.
Oh dicha de los días almacenados en el vencimiento
de sus instantes, memoria de mi pasado, hambre
de luz de invierno y de otoño, todos clausurados.
Oh fascinación y asombro de los días triunfantes,
en su desarrollo de formas tangibles que acuden
por mandato al alma.
Oh quiero, quiero esos besos, esas manos infinitas,
esos círculos del vino, esas tinajas vacías y petrificadas
en los lagares antiguos. Oh sí, palabras y huecos como
llamas ardiendo en altiplanos.

®

Ambidiestro-.

Tengo la sangre
la sangre de mil torrentes diversos
estirpes razas convicciones múltiples,
conversaciones que arañan mi alma,
diatribas seguramente inapelables,
mil tendencias discutidas, millares de planetas
circulan a mi ritmo incesante.
Y mil diálogos pueblan mis monólogos
los tengo a mano, incitándome a hablar,
convenciéndome de lo opuesto:
tengo una muchedumbre de esporas
saturando cada una de mis palmas.
Converso con las etnias, con caligrafía
de ambidiestro-.


©

Posibilidades muertas-.

Pero tú pudiste
eternamente construido
en la forma desvanecida
con ternura o dulzura
lunas arracimadas siglos despertados
combatían el silencio múltiple
desgarraban camisolas de ignominia
tu cuerpo esencia de un sexo convenido,
hasta que el canto se desvanezca.
Fuiste omisión, lloro interpuesto,
sollozo caníbal, de sangres corporales
hediondas.
Fuiste convulsión nocturna,
crepúsculo invasor, lancha motora
en las balsas oscurecidas.
Fuiste combate de arenas,
rosal incierto de inviernos tatuado,
oposición de un laberinto magnético,
combas la luz con tu estilográfica panorámica.
Y aunque la luz se desangre
el grito alardee, y la euforia pase,
todo en esta tarde, fulge
con sueños derrotados.
Con gemas en los ojos,
con suicidios promedios
de ratas ambarinas, de iris
tu cuerpo se baña en la noche.
Buscas, buscas, la noche
su perforación inaudita,
el insalvable colchón de luna,
que de pábulo a tus fantasías.
Ignoras el animal fabuloso,
el ibis sangriento, aquello
que arruina una mole de memorias
contaminadas, tu esfinge la derrotan
cuerpos extraños que besan la quimera
de tu pedestal.
Eres un santo, un caníbal o un homosexual.
Frunciendo el ceño estableces la liga
de los armazones deteriorados.
Frunciendo siempre el ceño.

©

Fastos-.

Oh celebraciones y fastos
cómo indicáis lo qué somos,
pero, apartaos de esa orilla.
Cruzad la vereda que conduce
a la otra, la opuesta: aquella tan hermosa
mano dispuesta sobre los ribetes
de flores, aquel cuerpo esbelto
embelesado en multiplicar su fecundidad.
Aquel brazo que se extiende hasta
rozar las piedras del lecho en que flotan.
Oh fastuoso carruaje mortuorio
cómo fascináis a los gusanos y a los muertos
mas no a mí, que se me antoja la vida
eterna.


®

sábado, 22 de julio de 2017

Búsqueda en la Fronda-.

Un crepúsculo se oxida
como una mano interrumpida
bajo latitudes inmensas, sobre
pálidos terraplenes de locura
y luz nocturna. Observo el lento
declive de las libélulas, su fragua
inédita de bosques y petulancias.
Veo la mano que corre en su interior,
montes y árboles que cifran su importancia
en nebulosas de ardientes cenizas.
Lava impoluta que el traje ignífugo
no acaba de sedimentar, sobre sus espacios
portuarios, un hombre que se desangra
con tubérculos en los labios.
Mi cuerpo fluye entre arenales de tristeza,
buscando nubes, soles, pájaros iniciales de
ritos transformados.
¡Mi cuerpo que irriga los pantanos y las exequias!


©

Casi nunca, los brazos-.

Casi nunca se desnudan los brazos
en tardes tan lánguidas como el abrazo
que desmedidamente se ofrece a ser recibido
y no se tiene en cuenta.
Casi estos brazos sinuosos y oferentes
presienten la divisa de tus tumultos insurgentes,
mi boca despoblada unta de licor tus labios ásperos.
Y es mi saliva, la que afronta latitudes inmensas,
desde el mutismo invocador que te confunde y te insta.
Y es mi savia, la que se corrompe y extrañada
se desboca por las jaulas de tu vientre opulento.
Atuendos que han de desvestirse.

®

Atardecida-.

Hay huecos en las palabras
suscitan memorias disolutas
aguas ingentes que instigan
sucesos de carne y piedras vívidas.
Hay interferencias en los vocablos,
piedras de lana sucinta que indagan
la inquebrantable sucesión de mentalidades
omitidas.
Hay un calvario de piedras acumuladas,
quebrados intestinales que proporcionan
guerras acuáticas y flores nocturnas, columpios
de puentes de nada, y mansas frentes amorosas
que dilapidan sus vidas.
Hay siempre, un hueco furioso en cada palabra,
un amor demoníaco que asesina, una felicidad inundada
de sombríos gestos de madrugada.
Y una cabriola de espumas que resplandecen
de atardecida.


©

Un mundo acabado, y de piedra-.

Un mundo de piedra.
De ciega piedra enfriada.
De común ternura tapiada.
De sueños derrumbados y tristeza
infinita.
Un mundo sólido.
De dos o tres trozos indigestos.
De minerales aplastados.
De pies retorcidos con amargura.
De uvas mal pisadas, de dentaduras
postizas con fétido olor a estómago de vaca.
No! Ni me persuaden sus estatutos convencionales,
ni sus saludos habituales, con cabellos iracundos
mostrando su feo rostro de desidia. No! Qué
paren sus eternas ruedas disonantes, sus macabras
operaciones mugidoras. No! En marcha, pues,
sus mutismos definitivos, sus silencios soterrados,
sus escuálidas figuras de vomitivas frialdades,
amparadas por la luna: venguen, su corrupta parentela,
los depósitos de ponzoña pestilente.


©®

viernes, 21 de julio de 2017

Rosa de incierta belleza-.

No tiene la menor importancia,
sombras emergidas de un sustento enigmático
o reyes destronados que invitan al sueño oligárquico.
Convulsiones y criaturas
anudan su bella cintura acuática
a través de rosales de inmensa balaustrada,
el prójimo inicia su aventura terrenal
nacimientos y más nacimientos en la piedra endurecida,
que perfora sonidos tribales y roquedales de masas protegidas.
Y aunque olvides el hábito secular
la rosa que creció entre ámbitos desnudos,
aquel solar de inevitable substancia
protegió tu ignorante infancia de sombras y telares.
Mi vida careció de tu fundamento, oh padre,
de ruinas incivilizadas y rupturas incongruentes:
mirad, el ruido en que se sumergen habitualmente los hombres,
tan rotos en la inmersión del subterráneo procreador.

©

Tormenta-.

La rosa herbácea atraviesa incólume
el pecho hermético. No se trata
de insomne marea, pusilánime ecuación
de sombras indigentes. Se asoma
la luna a través del frío cristal horizontal.
La penumbra desasosiega el prurito inescrutable
de los ojos de las meretrices. Oh corazón
insaciable en tu tormenta de hojas y nieves.
Sierras ávidas, fósiles inquebrantables, helechos
desnudos que informan la tierra. Tenaz
hostilidad de un cuerpo que ejercita su musculatura
diabólica. Geografías exiguas, resplandecen
en los foros y aduanas sumergidas, placer
de dientes herbívoros, antes la lengua que gime.
Nupciales avenidas del sótano incierto donde
la brusca oposición de la maleza, interrumpe
nódulos de sangre pura. Oh vislumbre de ti,
territorio inexplorado de la tierra en que dulcemente
te acumulas y esparces. Desertas de un cosmos
que te impulsa y combate, leche oscura, concha
marina, terrena. Así el cielo expulsa la nodriza estrella,
en aullidos de habitación que rezuma huellas y melancolía
de estirpe.


®

Carnaval-.

No podré hacer nada
mas mis huesos están rotos
el cuerpo es un esqueleto
de raíces proscritas y elusivas
los miembros y sus parcas extremidades
fulgen cual cielo endemoniado
y se enroscan a mis cervicales.
Cuerpo, qué sombra te posee,
cuando, la noche y su aceituna prodigiosa,
busca y perfora la alevosa sangre que bombeas
hacia el avispero irrefutable.
Alma, qué esfera innumerable, innegable,
busca tu exterminio en la penumbra o en la soga
indestructible.
Atardece, dejad las amarras columpiándose sobre
el embate mítico del mascarón...

®

Desconocimiento-.

Arañando las piedras
como un simple animal,
facturo minerales obsequio
divinidades y signos de lo opulento
y repulsivo. Ofrezco manos pies
de sombras, de mareas conquistadas
a base de fuerzas retenidas, de océanos
incesantes que procuran un vestigio
de mi alma abandonada. No doy maleza:
ni tristeza ocasional, ni moribundas treguas.
Excavo las piedras con soles derrumbados,
con miniaturas inquebrantables de silos emergidos.
Mirad, ni yo sé lo qué digo! mi cuerpo es un síntoma
de algo que ni yo mismo conozco.

©

Canción de madrugada-.

Arracimados
cuerpos que me visitan
me instan o me instigan
buscan la perforación de
un llanto universal, acometido
desde la ignorancia proverbial,
saberse únicos, o plurales,
se comprendieron mal los mensajes.
Mas estos cuerpos, habituados
a la mayoría de edad, fabrican
lenguajes de poseída, buscan
el acero contaminado, por miles
de rabias subyugadas, y labios
de mesiánicas virtudes. Son tan
especulativas, sus lágrimas, sus vidas,
con canciones humillantes, con rostros
pétreos sumergidos en formol o cloro,
que ya no interesan prácticamente a nadie.
Pero me irrigan, y canto, dulcemente,
sus estrategias nocturnas-.

©

jueves, 20 de julio de 2017

Entrada y vestíbulo de infancia-.

Por si acaso tus ojos no ven más
esta sangre este crepúsculo infantil
de terrible y temible infancia con humaredas
con nativas advertencias símbolos irreverentes
sombras de un témpano militar de sonidos diversos
que castigaron una adolescencia imperturbable, decisiva,
atraviesas los campos con huellas los senderos lascivos
las mentiras indecisas los labios mudos las orejas traviesas.
Y llenas de dibujos las esencias alcalinas
los papeles anidados en baúles amplios, en carruajes
internos donde se compadecen el amo y el uncido, el esclavo
y el dueño, y buscas insondable el camino, el impávido horizonte,
la línea de tus huesos. Y ángeles de dominio, cristales perpetuos,
inocentes mensajes, suceden, y permanecen
como hojas ateridas en un frío de invierno-.


©

Mirada al fondo-.

Miro al fondo
muy al fondo
donde crepitan
hojas fangos lodos
légamos improbables
secuencias visibles o etéreas
cuerpos sangres derramadas
corpulencias óseas
derribo mi alma
hasta saciarla de apetitos insondables
hasta las cristalinas aguas inmóviles
hasta los sollozos internos disminuidos
hasta la sangre cacareada que invita y proclama
y hallo lodos barros
y hallo sangres intersticios dientes perfumados
lunas incomprensibles danzando furiosas en mis pupilas,
y advierto suites sueños soliloquios febriles puntillosos.
Hallo en ese fondo
de agua o de lágrimas,
un completo y vacilante universo,
de tétricas guadañas de ojeras y ruidos y artesonados
hirientes, hojas, y cuerpos, y ruinas adolescentes.
Hallo mercurio y vaivenes de depósitos encalados,
mareas incesantes de algas y mocos de grasa y roturas
de tuercas.
Hallo muescas sonidos largas hojas afiladas
tréboles marcas muchos pájaros aves ibis,
y un triste, irredento, irreprimible adiós
marcando la mano impávida y sin líneas.

©

Poco queda-.

Hay un trasvase enigmático
que circula ojo a ojo, párpado
a párpado, ignorando la multiplicidad
de detalles que la obsequiosa mirada
formula y ataja. Hay un círculo indefinido
que proscribe su culto, un ámbito de redondeces
que circunda la carne atrofiada, vomitando roedores
lunas y años y efigies demolidas. En ese extravío
la pérdida y el destierro, atacan la deriva de un mar
que sabe a muerto, que entierra en sus entrañas, simples
niños muertos. Pero hay un destello, de apagados renglones,
que busca la perfección, un hombre de garganta femenina
que incorpora en su lamento, la extraña rigurosidad de una canción.
Y más lejos, en las profundidades, una flor ataca el silencio, y sumerge
al hombre meticuloso en su tormento cotidiano.
Pasan muchas cosas delante. En el fango, en el diario
acontecer de asesinos y meretrices oportunas, un delirio
de rosales alborotados, sangra por las avenidas ocasionando
caparazones de tortugas. Las escamas hieden a esplendor,
a rojo resplandor de sangre, de huerta investigada, de mano
sin dedos que acaricia un diapasón de anillos.
Los hombres ya no se asustan, en cambio, buscan
la eternidad de los miembros intactos. Un mármol
de oscuras aguas invernales, y una marisma de verdores esenciales,
traen y llevan el cansancio de un púrpura abastecimiento.
Las noches entregan su sardónico millar de insepultos-.

©

martes, 18 de julio de 2017

Amistad-.

¡Oh, había tanta noche
dentro de tus brazos de otoño!
Impusiste tu silencio irreverente
cual cántico indeciso que promete
lo que no posee. Mi camino, de cieno
y peregrino acontecer, resplandecía
así, a tu protector lado, sin palidez
eterna ni mortuorio y mezquino aspecto.
Mi vida la diseñaste tú: obscena y superficial,
el abandono posterior hedía a tu lumbre artificial.
Oh, cuánta noche consolaste
al abrigo de un sonido manso de lluvia alcohólica
y despojos marítimos.
Vi crecerte, aumentarte en tamaño, fuiste
devorándote hasta carcomer las capas sucintas
de tu piel alérgica a los pólenes del colegio.
Y me fuiste nombrando, obsequiando con tu delirio
de alas y flores esparcidas, hasta hallarme desnudo.

©

Poema a un río-.

Existe un terrible impacto
de aguas elementales crujiendo
por debajo de atmósferas detenidas
siempre en el penúltimo peldaño
de una escalera interminable, un sueño
de estrategias derogadas que multiplica
su acceso de formas gastadas y ocasionalmente
muertas. Extrañamente, la vida se sucede a sí misma:
tercas vacilaciones, sangres emergentes, convulsiones
volcánicas, pastoreo trashumante, balidos oferentes
que reniegan de su tacto indeciso. Y un goteo incesante
de desfiles acuáticos que reanudan su estricto apogeo,
su triunfo de aletas doblegadas por el frío. Un río negro
de basuras despedidas, atraviesa las gargantas de infames
niños desaliñados, un río de asfixia crepitante que ahoga
voces a su paso; la locura iguala a los hombres que bajo él
su ruido botan. Sumergidos aspectos, coyunturales formas
del grisáceo inoportuno hasta el tremendo funcionamiento
de una pila agotada. Sin remos, los hombres
van hundidos, como un firmamento puesto al revés,
bajo estrellas de sonido indeciso y golpes de agua remota,
sobrecogida. Mi alma a ellos va uncida, quebrando
senderos y togas de la noche al día.


©

Bálsamo-.

Bálsamo-.

Marcas, en tu piel,
un territorio balsámico
donde nocturnas vicisitudes
o calendarios importunos,
no significan nada.
Vuelo con tus alas de ángel
sobre robledales de desdicha,
tenues opacidades del olmo aquel,
que en vigilia, se mantiene, tronco
acerado contra la noche de fondo.
Mi piel es indagada, investigada
por ti, cuya bendita mano se desliza
por heridas y mutilaciones, asombrosas
amputaciones del alma que quiere
regresar a su viejo enclave de alas
y estorninos.
La música de Schubert en este caso
nos alza y nos encuentra en el aire,
haciendo caso omiso de las repercusiones
que en tierra, alcancen nuestros actos
y premuras libidinosas.
Y yo soporto tus alas y tú, las mías,
en idéntico acto de reciprocidad hermoso
nuestro cuerpo funde la sangre coagulada
en una sola primavera.

®

Huellas-.

Utilizo la herramienta propiciadora
de vestigios derruidos sobre aceras rasuradas
por la lluvia, que asombran al transeúnte
ignorado por rabias e iras deslumbrantes.
Mis míticas felonías y mis cálculos iniciales
errados todos ellos, forman un espectáculo circense
que circunda la espiga central hasta la acometida
fútil de la bestia iracunda.
La llovizna que no cesa, procura refugio interno
al proscrito y al ciudadano rectangular que fortifica
sus despachos y epopeyas triangulares por el
suicidio de los pechos asistidos.
Mamas glandulares que evitan el zarpazo
del cáncer, anunciando entre publicidades,
el regreso de lo eterno y su plumaje.

®

Inocente Edén-.

Cuándo yo
en ese inocente edén
impregnado de semillas
la ceniza cayendo
lateralmente
sobre la carne disuelta
que emula su catarsis de ola
salvaje y libre
en su espacio reciente conquistado
en la marea del cómico recitar
en ese inocente edén?
Los jóvenes presienten la noche
se absuelven, locas cabezas próximas,
delirantes, conculcadas, reforman
el perfume de las silvestres acacias
secuestran la luz alrededor de una sola
encina.
Los jóvenes asienten, trasvasan
ápices reticentes de luna pretérita
muerden la saliva como flor distinguida
amanuenses de sílabas incompletas,
dirigidas.
Cuándo yo, en ese
inocente edén?


®

Ritos del cansancio-.

En tu nombre
inicié demasiados ritos
cansados: optimizar
la rutina vespertina,
realizar y concretar
el ímpetu solitario,
renacer de un exceso
contrario de cenizas volantes.
Espuma de mis días, vejez
de lo incierto. Por y en tu nombre,
tan hermoso, consulté los astros,
devoré los libros de la belleza,
asumí el reptar sibilino de las tardes
sin memoria, comí de la materia
vegetal de mi infancia, hasta saciar
mi boca. Y así pasé días, años, eras,
al abrigo, solitario, del tiempo-.


©

lunes, 17 de julio de 2017

Flores de Hospital-.

A través
de gerencias interminables
de injerencias subversivas
de complexiones atléticas desperdiciadas,
de pechos tatuados con volcanes incipientes,
de sucintas legitimaciones aéreas, de sombras
atenuadas por el impacto sucesivo de estelas,
guardarropas, prohibiciones elementales.
A través
de compulsiones decisivas,
de conversaciones infinitas,
de constelaciones rotas por las vértebras,
de círculos magnéticos iniciados como un bosque
en paralelos omóplatos, en divergentes acentos
interpuestos.
A través
de agónicos intentos,
de pólenes insensibles,
de rosas imperfectas,
de colibríes inciertos,
de rocas humedecidas por los labios internos.
A través
de hundimientos, fracasos, lluvias,
huracanes, comprobaciones y tubos de ensayo,
de salivas, asuntos inmisericordes, de sombrías
razones acorazadas.
Compitiendo admirablemente
contrastando los rayos insensatos,
constatando iris ahusados permutables
por flores virginales, aplausos, ovaciones
limitadas, cuellos de botella como aplastamiento,
huesos y fosas, cabellos y zonas airadas, áreas
compungidas de señuelos y rotas cavernas.
Con traumáticas elecciones, desviaciones ferroviarias,
límites lineales, rieles ungidos, óxidos químicos, sangres
disueltas, acacias diluidas en veneno.
Y un tristísimo apéndice
arremetiendo entre vértices de arena,
con carburantes herméticos, con espátulas
de cal, de arsénico, de yeguas envalentonadas.
Varios cristales resumen el cielo,
varios afectos disuelven el sagrado firmamento,
donde rosas y ganglios ocupan las estrellas
por instantes.

De lenguas vernáculas,
de fallecimientos ocultados,
de decesos inventariados,
de perros estelares, de profesores
adverbios y cánticos crepusculares,
de raíces y sanas costumbres.

De hábitos y sombras negras,
de raíles inmensos, de efectivas
clínicas del odio, del espanto,
de torres muertas entre soles y yerbajos.

Así me llega tu espuma diversa,
tu mandíbula de madera, tu erecta
fórmula, contraviniendo las órdenes
y los ciclos del agua.

Me llega con prurito de agonía,
con nardos de radios estropeados,
con caudillajes y dicterios improbables,
con termómetros y sangrías indigestas.

Con esputos y molestias estomacales,
con rosas en los pómulos, con abstracciones
incólumes, con letras de abecedario nocturno.

Tú vienes, con espermas en la mano
y con savia inaccesible, con raíz de aquel diente,
y con ruedas metálicas de sables y sobres y papeles.

No te tengo, en la mano, una certeza
un periódico de noticias atrasadas,
de asperezas conventuales, de nocivos
ramos de inmensa negación y árida belleza.


®

Frente a frente-.

Ya no hay más que tristeza en mi vida
mi cuerpo y mi pecho permanecen clausurados
de tanto goce ignaro y petulantes pétalos
mi pecho, esa laguna arrasada por sombras,
persiste en llenarse de un ridículo oxígeno patético.
No hay más que fingir, hallar el resorte enigmático
que opera con efímeras circuncisiones repetitivas.
Anúlame el cuerpo: tengo todavía, un alma.


©

Abismo-.

Lenguas enroscadas
que se abisman al fin
de todos los desfiladeros
donde se advierte la sinuosidad
del vértigo humano que fragua
y confunde una luna emancipada
de la tierra. Humaredas,
la temen los hombres, los incendios
forestales que fabrican insultos
e insolencias tergiversadas, cúspides
de amputaciones circundando la ambivalencia
incoherente.
¡Oh cordilleras inservibles! ¡Cuánto halago
estólido, qué naturaleza despoblada, cuánto
de improperio en mi savia, y qué olvido de
tu propia insinuación voluptuosa!

®

La tragedia del sueño-.

Repeliendo acentos nostálgicos
brusco la partitura aceptable interpretando
modulaciones inaccesibles para abreviados
términos compulsivos, acatando razones como imperios
derrotados a los pies de una dama alta.
Cada encuentro decisivo enferma la circunstancia
en este atractivo ciempiés despojado de animalidad
verticalmente opuesto a los binomios naturales/ saben
contradecirse abiertamente sin que la hipnosis
incube la tragedia del sueño.
Oh rompe el himen destrozando las partículas ligadas
al cartílago independiente murciélago de trozos descompuestos
en términos de agua cromática su efebo mantuvo el orden/
obtuvo el triunfal marchamo dogmático nación de una disposición
congénita, hasta estrellas machacadas en peculiares tormentos de brujas.
Bajo centros de pastizales de arena.


©

El agradable calor de establo-.

Nunca envidié
patria naciones
religión o astrologías
diversas; no las desprecié,
y, si lo hice, qué?
obviamente, no diré que son
de mi predilección.
Esas agrupaciones masivas
esos sepelios excesivos, esos
carruajes infinitos de acero
forjados exquisitamente sobre
el cieno de algún himno.
No, nunca fueron lo mío.
El agradable calor de establo,
el amigable temporal de lluvia
que cubre las pezuñas de unos bueyes
pestilentes, se han convertido en mí,
en algo definitivamente a superar.


©