martes, 30 de mayo de 2017

Mejor así-.

Mejor así.
Mientras el profeta
cultiva su amor de indigente
entre las tristes almas que con él
conversan.
Mejor, mejor.
Mientras el desierto se aproxima
y se ensanchan las ramas altivas
que ocultan tesoros y misterios, bajo
sus duras raíces enmohecidas.

Entretanto, el mundo,

acaba con el mundo.®

lunes, 29 de mayo de 2017

Tinieblas feroces-.

Estoy en estas tinieblas
murmurando vomitando
plumones y ciertas cosas que persisten.
Estoy hundido hasta las ciénagas
humillando la testuz e implacablemente
restituyendo mi paraíso a sus proximidades.
Estoy estudiando combates de agua,
analizando meticulosos omóplatos exteriores,
cópulas inexactas que perforan la herrumbre.
Estoy en estas tinieblas, que me invitan
y me seducen, tierras compactas, altos pinares,
emergentes cervicales de cerros aplastados.
En estas tinieblas mi cuello me pende,
mi ansía desmerece, mi cuerpo se hunde,
mi vida no es nada, y yo aplaudo la inquebrantable
igualdad
de esta copa mía que rebosa.

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Hojas sueltas de un libro inacabable-.

Con lazos tristes de miserables compungidos
o con trazos elegantes de manivelas derruidas,
con constelaciones emergentes de suburbios redimidos,
o con plegarias desunidas que ambientan el triturador
próximo a las alcancías.
Con enérgicas caballerías deflagrando el suelo humillante,
o con soberbios latigazos que escarmientan la postura retadora,
con sombríos banquetes nupciales que procuran la derrota del odio,
o con amarillentas páginas de periódico ahuyentándose del ruido alocado
y suicida.
Con travesías remotas de trajes submarinos que inundan los labios, y con fútiles hombros que auguran una núbil presencia incontenible.
Con suciedades de hongos aplacados en eclosiones mustias y rotundas,
y con cefaleas oblongas de rastros incongruentes. Temo
el fin del alba, la llegada de la nieve, el tránsito de las lluvias hacia
latitudes secas y mortecinas. Temo el desencanto de la vida
en las oraciones que estallan en mitad de la noche con consunción hipodérmica,
el fin de los pájaros cuando se excluyen en medio de páramos adolescentes.
Con realidades muertas y sucintos hipocampos derruidos
con masivas apoplejías de noctámbulos inquietos cuyo vaso incandesce,
con proteínas metidas en la barriga fulminada, y con viento en las tardes
oscurecidas de flores florecientes. Con lascivias y manos que tropiezan
en grandes cines, con raíces consteladas que otorgan la proximidad
de un vestigio de atardeceres, con mandiles ocluidos de aspereza insobornable,
con tentaderos yermos que ocultan un sigilo de caparazones y muertos en mitad
del cielo y de la vida.
Así, la vida transcurre, lenta, implacablemente, derruyendo
aros y pendientes, lóbulos longevos y elásticas medallas absortas.
Fotogramas incandescentes, hongos letales, ramas ambarinas, soles
destructores, problemáticas inconsecuentes, circunstancias del anhelo
con taxidermia en cada diente. Transcurre, transcurre, impaciente, imparable,
iceberg que comunica su dicha en la holgura de los días, en la persiana cerrada
que canta al alba con camiones de serpientes, con cal y amianto sobre cada ojo
enaltecido. Por la dicha, por el testamento de sierpes encontradizas, por el raso octogonal de cinturas ardorosas, por el tránsito de sueños inaccesibles que permutan cilantros y mansedumbres, esporas del anuario de las universidades.


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Frecuencia-.

Tu cuerpo remansaba sobre el mío.
Tornaban las águilas a su pecho adormecido
mientras la noche acaecía sobre los montículos
de arena de los días intangibles. Miraba
tu cuerpo; en realidad, atisbaba el mío.

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domingo, 28 de mayo de 2017

Estambres secos-.

Dicen tristezas o llantos
alegrías o vestíbulos
tránsitos decorados
como salivas informes.
En ese discreto sendero artificial
en que pinceles y garrotes
forman la arena mística
de los arroyuelos conjuntivos.
En esa fresca madera de los labios
reasumidos, que convocan a la materia
en largos y pestilentes ríos de gloria nociva
manchada por equiláteros correspondientes
a cenizas. La burda lengua analfabeta
trastoca el signo de la cruz, vil emblema,
nefasto trámite, burocracia de lo extinto.
Su propio enfisema quiso absorber
en una pluvialidad de aromas contagiosos,
en un merendero perdido a las afueras de las fábricas
gruñonas.
Permanecen ríos extintos
obligados a sabidurías proféticas
que entusiasman al pecho enardecido
como rosas o roquedales que incitarán
al bloqueo de una axila en su pétalo dorado.
Y queman mis labios ásperos
rojizos atardeceres de todos los días
con su lengua vetusta de amigables profanaciones,
con sus humedades bien dispuestas entorno
a un caballo con su espuela. Algo
de rocío elemental cae suspendido
por los ríos anchos y protuberantes
en que una golosina armoniosa procrea
la vanidad de un rey proscrito. Arenas
de vergeles, o rosas o rocas doblegadas,
es igual, tanto miran
al este de aquel jardín diminuto, laberíntico.

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Felicidad-.

Felicidad es hablar contigo
aunque no estés. Es ir de tu mano
sin un duro, por cualquier barrio
de las afueras. Es amar el silencio
que nos acompaña, mientras el mar
alienta nuestra conversación fugitiva.
Poesía recia, es ir con los huesos
calcinados, con el estómago roto,
con la carne estropeada, con el dolor
todo por dentro.
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Pino verde-.


Tu cuerpo estaba dentro de mi cuerpo.
Ofrecía sus mensajes, de áridas formas
sonoras, al oído campechano que delicadamente
las recogía. Como trenzas sin sonido
de un agua inmaterial, benigna.
Y en mi camino, de pino verde
y alma ligera, tú cruzaste las avenidas,
doradas, cambiantes y tornadizas, secretas.
Las llamas devoraron el pan de tan
alta y sagrada misa.


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sábado, 27 de mayo de 2017

Memoria-.

Mi memoria a veces se expande
y atraviesa remotas regiones despiadadas
por el celo de otoñales vestigios soñolientos.
Y enamoran sus azules alegorías
las mañanas tornadizas en piedra
de soles grabadas. Sueños de tardes
y estorninos, pájaros invisibles, que
vencen al duro camino, con su grito
anónimo de pastoreo inaudito. Mis
alas despliegan sus aromas de pan enardecido,
cumplen con su cometido, las rosas fragantes,
la arquitectura de interminables pasadizos.
Y la fosa que se abre, y el alma que espera,
espabilada, al rosal que tiernamente se ofrece.

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Conciso camino-.

Desde esta plegaria
conciso camino
las lentas ubres
del estío matinal
alcanzan secundarios
instantes de tierra, plomizos
albergues de arena, que nombran
la llama con su podredumbre
de rosa encantada. Refulge
su nombre, magnético
entre las olas vedadas.
Surte su efecto enigmático
la noche malhadada con sus
travesuras de infantiles guirnaldas,
al pecho de estreno colgadas.
Miran y atraviesan, nocturnas
y alevosas, praderas en silencio
con rítmica fronda dispersa. No
sueña ya el mundo con su hueca
fisonomía, miran azules las mañanas
desde su tumba protegida de espartos.


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Impresión-.

No tendrán mis hijos
forma humana posible,
serán piélagos de amargura
sus tristes pies congelados.
No tendrán mis hijas
colgantes ni perlas que
les alegren la vida, serán
polvo en los desvanes que
nadie acaricia.
Seré yo también, la impresión
fugitiva de un mundo desbordado.


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Negra sombra-.

Sombras, sombras, tan negras
como el aire que entre los pinares
alienta. Como rocas vivas
que la sangre estática corroyera.
Sombras, sombras, tan efímeras
sobre plataformas huidas, sobre
calientes fortalezas donde el amor
anidó en su día, decidme, sombras,
¿quién, a vosotras, os vigoriza eternas?
Me persiguen de entre los muertos
eternidades conjuntas, rosaledas muertas,
combates de amanecida y llanto entre azucenas.
Sombras, sombras, tan oscuras
como el aire que las calienta.

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Viejo, sabio rencor-.

Estamos todos llenos de viejos rencores
de amortiguamientos de la razón, vieja y pérfida
delatora, de ladrillos y andamiajes extintos, de pólenes
sucios y embalsamados que revelan nuestra ineptitud.
Estamos todos llenos de rencores, resentimientos,
viejas despedidas, otoñales apostasías, cartas sin buzones,
operetas y tragedias que nos son infames pero nada nuevo
descubren.
Estamos llenos de zalamerías, malicias, maledicencias,
castigos corporales, mentalidades altaneras que nos atacan
las patéticas resistencias que aún nos quedan.
Mírense dentro de sí, ¿acaso les resta algún amor,
algún guante de seda que quitarse, alguna manifestación,
por vetusta que sea, de deseo virgen, que les aguarde

en casa, tranquilamente? ©

Crespúsculos-.

Quiero morir bajo el filamento
dorado del crepúsculo, aquel
que alimenta la asfixia igual
que el desencanto. La decepción
es un secreto compartido, donde
yacen, pieles cruentas, moldes
de barro a la espera de un cuerpo.
Tu cuerpo, a la espera del llanto,
del insulto o de la violencia, que
despierta, contra el muro de todos
los atardeceres. Mi lengua que vibra
sin sustancia, dividiendo cielo y mar,
buscando la esencia, multiplicando
los días inmundos. Y que mi cuerpo,
otra vez áureo o dorado, bruscamente,
incite a tu cuerpo a derrotar las flores
de antaño.

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viernes, 26 de mayo de 2017

Infidelidad primordial-.

A veces se debe
cometer alguna infidelidad
respecto a la vida, para amarla
en toda su extensión y, conseguir,
por ejemplo, un margen de duda
claro y significativo. El arroyuelo
bendice también al sendero lleno
de boñigas de vaca. Aun y con esas,
no siempre se logra transitar
un camino de rosas.

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Humano-.

Lo humano es llorar.
Llorar, tener miedo,
sufrir, y volver
a empezar. Lo humano
es llorar, brillar en la luz,
o tener silencios más grandes
y anchos que mi mano.

26/05/17

La puerta se cierra-.

''Ahí tienes la puerta'', dijo su madre, dirigiéndole un gesto irónico al mismo tiempo. Ese gesto pretendía decir, o sugerir, que la puerta se abría y volvía a cerrarse para siempre. Al menos para él. Y sabía que su madre tenía razón. Eran ya muchos años irremediablemente juntos y unidos, como si todavía de la placenta materna, no se hubiera desprendido. Ahora, su madre le sugería que debía apostar por sí mismo, debía arriesgarlo todo, a todo o a nada. Nunca hubiera dado ese paso voluntariamente, y esta vez, aprovechó ese oportuno impulso, para entrar en movimiento y largarse de casa.


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