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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Embates-.

Un puro instinto desasosegado
rabioso e iracundo, desplegado
bandera incendiada, calcinados
huesos entorno a un círculo emblemático.
Disparidades muertas, neutralidades sociales,
envilecidos cuerpos, materiales acuáticos,
sombrías manifestaciones corporales-
como si la axila ardiera en un buque insignia-.
Busco la derrota máxima, el odio inexpugnable,
la transitoriedad del cosmos sobre tu vientre inaudito.
Y derramo fábulas, deambulo en el solsticio,
transito recuperaciones obligadas, aspiro aire
nebuloso. Mis pulmones se incendian, derriban
su músculo interno, las fragancias impregnadas
ambientes sociables, distinguidos, dramas de alcurnia.
Bellezas solitarias, encumbradas en espirales de humo.
Busco ahondar en el perfume del diamante,
en los matorrales ausentes de mi deteriorada infancia,
colmillos devorados por la esencia líquida de ambos sexos.
Masculino, femenina presencia, andrógino demonio,
cúspide eternizada en la cópula de una catedral simbólica.
Mi cuerpo deambula, atrios fluorescentes, átomos de cráneos
eléctricos impulsos indómitos.
Yo busco la poesía en los embates del tiempo.


©

La vendimia-.

La madre entrecierra los ojos.
Deduzco que su dulzura, en estos instantes,
atraviesa distintas épocas.
Un febril septiembre de vendimia,
los vertederos de antaño, la raíz del sol
sobre la curvatura de la tierra.
Hay algo que es como una uva pequeña
entre sus dientes.
Finalmente, ríe.


©



Dios-.

En la estancia, reina la quietud.
Hebras de un sol mortecino,
se filtran por la ventana.
En el exterior, se ejercita un pájaro
desdeñoso.

La madre duerme la siesta.


©

martes, 19 de septiembre de 2017

Lo mismo-.

Siempre hablo de lo mismo,
me reitero, me repito, no hay
casa en el nido ajeno. Lúgubres
montañas, que asoláis las costas
de mis miradas soñolientas, de otoños
preñadas, curvadas. Por la hoz siniestra
del río alcanzo a ver, luces remotas
de otros veranos, de otros tiempos.
Siempre hablo de mí, reitero.

©

Valles remotos-.

Pero todo es soledad
hasta el último giro
una novedad, silencio,
compostura, conserva
la gallardía en lugares
remotos de telefónicos
valles y honduras. Silencio,
sobre mármoles, el oscuro
silencio impenetrable. Yo
fui. Mi vida pasará, entre
sierpes definitivas que danzan
al ocaso con su baile brillante,
con sus formas ocasionales de barro:
hasta el último giro, cobra salitrosa.

©

Tentaciones-.

Hay un alfabeto
un alfabeto mítico
deplorable, depurado,
que palidece esta noche
al este de la redención,
con hormigas en los labios,
con tuétanos en las cárceles
de la carne, con sinceros mordiscos
en los muslos apenas descubiertos:
son tentaciones de mistela, son cánticos
de loas impronunciables, a un dios que
exacerba la intensidad de sus ejércitos.
Hay algo que exagera
en esta noche noctámbula y sucinta
que penetra el frío y lo hace gélida ventisca
que florece en rodales de ignominia
que apacigua un eterno devenir indeciso,
que espabila el agua de las aljibes misteriosas.
Y es ese algo
penetrante esencia
buscadora interminable de minas
reductora de enjambres termiteros
protestona inventiva, razón oscura
y de peso: en ese final de la noche,
que sucede al hielo.


©

lunes, 18 de septiembre de 2017

Matanza-.

A mí me mataron
con insignificantes lecciones,
con amorfas disquisiciones
alimentadas por el vértigo
que devoraba el cieno de los cangrejos
autónomos y sin cielo. Bajé, sí, a la tierra:
hallando triste y solitario fusil de anatema,
cavernas empedradas en el sinfín sin música
de los crepúsculos odiados por la gente mezquina.
Atravesé explosiones de júbilo, me despreciaron,
oriné sobre cementerios de lujuria, cansé a hermanos
y despiadé a los incrédulos. Mi tema siempre era el mismo:
una piedra circular actuando sobre bloques de cemento.
Una rosa triturada por vientos uniformes y deslenguados.
Mi cansancio, era idéntico a mares de neblinas azules e indígenas. Poblaba las noches con su estupefacto rostro.
Inicié el sigilo de la confiscación de un cetro, mancillé
patrias honores siglos de petulante herencia cosificada y sucia.
Luna tuvo honores, luna impresionó mis lamentos, lobo
albino tradujo mis sinsabores. Y líneas de amistosas
fragancias de tomillos y reverberaciones de símbolos.
Pero dije, '' me mataron'', orinando a su vez
sobre signos cartografiados, sobre mapas de senectud,
sobre orillas de terciopelo en la mansedumbre de los días.
Laudando el signo con que mi frente alentaba los cronómetros.
Y fui un verdadero suplicio, para maestros y profesores
recónditos, todos adscritos a sus solitarios y fríos mensajes
de despacho y claustro: la depravación fue tal, que ni siquiera
mencioné mis académicos títulos. Fui espabilando, por el tránsito estelar de agotamientos físicos, de endebles epístolas,
de mansos corpúsculos de feroces cordilleras. Tuve
el siglo en mis manos, lo perdí, y ahora, no persigo
más que una nomenclatura azul celeste en sus riberas desaforadas.
Invitando a la muerte a extintos desacatados,
no obtuve más que un título honorífico:
el de saber más que nadie, en tierra precisa
y de nadie. Cuya heredad y sortilegio, precisaban
de castigo; cuya ignorancia metódica, y su rectitud
estercolera, practicaron en mí, un día su falacia.
Circuncidado por vertederos, por esfinges de esparto,
por temblores salutíferos de diosas litigantes, qué
más puedo hacer? Si no saludar yo también
a esos tigres, a esos leones de agrícolas mansiones.
Mi cuerpo es la mayoría de los esclavos.

©

Remonte-.

A mí me gustaría remontarme,
remontarme hasta cuando el cielo
era de cristal y los pájaros un alambre
de fino vidrio quemándose en su interior.
Frases desechas, cansancio de tardes,
aves multiplicadas por las alas irisadas,
fraguas invernales de caracteres perdidos,
hoy, definitivamente abolidos. A mí me
gustaría remontarme hasta el origen de la frase,
hasta el estrato inferior de la caverna, hasta la fosa
correspondiente donde dormitaron sus prendas y flores
un millar de efímeros soldados agrupados en filas de a
diez. A mí, sí, me encantaría regresar, columpiarme
en idénticos jardines, buscar el alabastro interno,
la magnética frialdad de los miembros, el dedal tendente
a la desaparición en frío, buscar el vidrio y hallar sólo
la vida. Pero hay tanta muerte entorno mío,
tanta caries pestilente que alberga un corazón demudado,
que presento mis credenciales sólo al suicidio. Mareas
de verbos, formas inquebrantables del asilo, la mentalidad
holgada de los capataces del infierno: mineros, sombras,
luces, ahogadas en espartos:
canciones o cánticos, todos
hundidos por obra y gracia
del universal espanto. Y la baraja
de naipes que no cesa de recrear
su materia adolescente, su albedrío
de cansancios.


©

Montes rojizos-.

Las luciérnagas se me han encendido
Millares titilan en los desvanes de mi patio
Cabriolando azulados montes vespertinos.
Y es que salgo de viaje, del cinturón de Andrómeda
A los paisajes pírricos de Extremadura- Azaña
Me saluda, beatífico, desde los trenes mudéjares
Y moriscos-. Mañana veré el sol, naciendo de
Las vertientes enarenadas, Carboneras, río Grazalema,
Guadalete, cordilleras del Pirineo, ¡todos me esperan!,
Como en Roma, a las antiguas calendas. Ay Mayo
Florecido, de tu rama a mi universal ombligo, del
Universo a la frescura de un maternal olivo nocturno.
Y pensar que ayer ya no te quise. Luego, saldrá la luna

A pescar atunes gigantes, por los montes rojizos.©

En levedad-.

Se me va en levedad
la palabra que te nombra,
paloma, torcaz.

La palabra que te nombra,
en tenue nebulosa se agita
y presiona, zurita, zorzal.

Al fin y al cabo
de barro te encontré,
santo cendal.

©

A cosa hecha-.


Debí nacer con un tumulto
De sangres, opuestas, contradictorias:
En avalancha, insaciables. Mi cuerpo
Es un templo a lo inacabable: espiral
Ilustre que en su propio rencor se electrocuta.
Y marcha a su destino, sin marcha fúnebre,
Con sabor a cosa

Hecha. ©

domingo, 17 de septiembre de 2017

Cartografía de la sangre-.

La sangre, mistura blanca,
tuétano de la raíz mística,
lienzo de la hemorragia cíclica,
fuste de columna hebraica,
suceso de caparazones en la ermitaña
avenida, la sangre, sí, ese dominio
estricto de golpes azotados. Sangre,
hoja diminuta, trastorno en la piel,
sombra disecada, museo del hambre,
contusión diseminada en semen, esparce
el eco de un sonido roto. Sangre
sí, ámbito sigiloso, que construye
su megáfono altivo de petulancias y arrogancias,
inquebrantables, montañas han intentado
aplacarla, imposible. Su tatuaje
se lleva impreso, alma. Disputa
asesinada, combate distinguido, altivez
de rosa enjaulada, fórmula de un logaritmo
inequívoco, matemáticas del silencio
que nunca cede entre llantos. Mazorca
del baile absoluto, sangre, esa enfermedad
desde el trozo de piel helado hasta la rodilla
contusionada. Coágulo imantado, rectilíneo
paisaje de cipreses, cementerio de plaquetas.
Glóbulo al fin en su guarida materna.


®

Vivido-.

Ya he vivido
ya brotó sangre de mi herida
ya nació el germen y el idiota
ya surgió frío elemental
de una gota de saliva
ya viví el sueño de la droga
aferré labios entre enredaderas
lo volqué en mi incipiente mortero
industrial, ya viví
el taxi, el ruido, la permanencia
de la tierra
sobre latidos llenos de tumbas augustas
y de las otras,
mi cuerpo fue materia vigente
luna sobre fosas, árbol estéril
al tiempo caído.
Ya he vivido
aire y especulaciones
natividades gélidas
la ira inservible de los años
la copa desnutrida
el verbo limpio y árido.
Un afeitado cada semana
el tráfago del aeropuerto
los sueños ratificados
en moteles innombrables.
Y ese tráfico inefable
de polillas en camas herméticas
y sucias.
El vecino cabreado
porque hago demasiado ruido,
las leyes gubernamentales del paro,
los azotes de mis progenitores, y el
aire enrarecido de las mañanas.
El azul acotado sobre calles principales
el desnudo violento de los árboles otoñales
hoja por hoja, podridos,
las letanías de mi suegra cantando por soleares,
los incipientes retoños que penden del vientre
de mi mujer.©


sábado, 16 de septiembre de 2017

Mi nuevo nombre-.

Ya no habrá más arañazos
en la tierra. Arañar la tierra
es remover tierra: escribiré
desde mi ignorancia. Imposible
es olvidarse de todo, del todo.
No seré nunca más, hueco
en el árbol, brazo de leones
tatuado. No habrá más tierra.

Pero yo me voy conociendo.
E incido sobre la superficie
y gesto las ranuras en la corteza.
Escavo galerías, en los ojos del agua.
Espuma, será mi nuevo nombre.



©

Niebla-.

Con la frente deshecha en llanto
y el alma partida en dos, me levanto
oh ejército de niebla, a ver partir
el sol. Con el cuerpo llano y santo
prohibido a mis ojos ya, proclamo
las bienaventuranzas de tu templo
sagrado, y me retiro a alzar las velas
sobre el mar. Con los ojos llenos
de soledad, y el alma partida en dos,
iré a trenzar madera y esparto, robles
del buen despertar, oh, ejército de niebla,
oh, ejército del cantar y del amar...
®


lunes, 4 de septiembre de 2017

Autoestopista-.

No soy de los que
toman nota, de los que
con cuatro ojos y al alcance
de sus manos, ponen
la realidad estadística
y la realidad ignorada.
No soy de aquellos que
con semillas en los dientes,
con perforaciones en los labios,
abren y esculpen su eterno discurso
a través de un fino filamento de hierro.
Los que cubren su completa ignorancia
revelando su fisonomía inimitable, los
que desvelan a las primeras de cambio,
con pigmentos ineficaces, la verosimilitud
de su alma.
No seré nunca, un adscrito a la realidad
en todas sus vertientes, yo procedo con guantes
de laboratorio y recreo sus márgenes devoradas.
''¿De dónde surge esto?'', ''¿De dónde aquello otro?''
No me pregunten, ni yo mismo lo sé:
pero habito la tierra dominando a la perfección
el arte inestimable de ser fiero en la flecha e incógnito
en el arco-.


©

Cada día-.

En este cuerpo juegas
tus alabanzas y tus discordias.
Estableces el estatuto
de tus instantáneos dioses tutelares.
En este infinito tablero
de carne y marfil, el hueso abre
profundas excavaciones y horada
el agua matriarcal.
Y un sueño,
como de muerte,
como de vida,
rompe sus olas
hasta el suceso de tu frente-.

©

Lo irremediable-.

Te crujen los huesos
asciendes los peldaños
asciendes las grutas de lo eterno
finges palmo a palmo
la hondura de tus versos.
Te dices: '' no puedes meter
tanto dolor'', o :
''el dolor y la inteligencia,
no siempre van de la mano''.
''¿De qué te sirve tu dolor?
Tú nunca has sufrido una pérdida
irremediable, o nunca padeciste por cosas
humildes como una brizna de hierba.
¿De qué sirve pues tu dolor?''.
Imaginas una sucesión de catástrofes,
una escala indescriptible de sucesos aciagos,
para ofrecer a tu mitología personal, algo
a que aferrarte.
©


Alumbramiento-.

Oh animales tan fantásticos
fluyen de las manivelas orgiásticas
que ocasionan célebres operetas
de mantel y alcancía, tras los vetustos
aeroplanos que imitan la fragancia
al vuelo
de una paloma borrosa. Oh mayestática
persuasión que rasga la tela enigmática,
que oscurece prisión a prisión, este entramado
de orgías clamorosas, de una mente lasciva.
Oh animales espléndidos, cómo escarbáis la tierra
de mi espalda hasta empalar y crucificar
la madera de mis ajuares, los manteles, los dignos
trapitos de mi vejez anticipada. Caed
presa del dominio de una aseguradora
o de un cartel de caras conocidas, es igual,
al fin lo qué importa es la carencia de dientes.

®

Jardines, enjambres-.

Sobre mí, enjambres, rosas,
hombres:
arañas mordiéndose en la luna con sus muslos
de seda o abanico. Sobre mi antiguo
cuerpo, lecho fluvial profundo, como agua,
que salpica en la hondonada, como pecho automatizado
que destaca en la bruma innavegable,
produciendo naufragios de lóbulos impracticables.
Oídos, todos ellos. Orejas, todos ellos.
Ojos, pupilas, iris, córneas delatoras, todas
ellas. Miran el jardín abandonado, como grupas
de ascenso, intercaladas. Y no ven
nada, pues nada
hay.


®

Experiencia de lo divino-.

Bajo los halos dorados
de las iglesias y sus coros,
bajo los soportales oscuros
donde naufragan viscerales
formas de lo humano,
sobre el incienso blanco,
la desnudez de las formas,
el ínclito tejido de lo opaco.
Lienzos, idénticos a opulentas
mercancías de lo irredimible,
palomas estragadas en el altar
azul del ábside.
Aquí se encuentra lo humano,
lo fresco, la pampa de los días
escrutados con cartografías ineficaces.
Donde todo acaba, se agosta
o fluye, a pesar del río angosto.

®

Leproso-.



Cuando me caiga por las paredes
y suelte improperios contras las cárceles y
contra los prefectos de la magistratura, vendrán,
seguro, los ebrios calculadores a meterme
mano y a condenarme a uno de sus inmundos
agujeros.
Entonces, lentamente, contrariaré
con insolencia de adolescente, a los sepultureros
del barrio pobre, a los indolentes de todas las clases,
a los mendicantes extraviados, azotaré en masa
las espaldas de los azulejos de los inodoros públicos,
allá donde se mea junto a los hospitales, y provocaré
un alud de coníferas excitadas.
Cópula tras las copas y los temblores del cieno.

®

En qué ojos-.

En qué ojos me miro
en qué huesos me alabo
dentro de qué cadalso
investigo y reanudo
en qué vértigo o falacia
en qué infamia o delito
en qué manos siento
el golpe, ese eterno golpe
decisivo, en qué materia
inocente, en qué cuerpo indolente
hallo el malestar divino, el átomo
indeciso.
Dónde dónde
en qué espejos me reflejo, en qué cielos
en qué suelos, mi pecho se arroga
el derecho a reflectarse
ante mí, de dónde me arrebato
esa voz implícita que
busca la nada y el examen continuos.
En qué voz enardecida busco y hundo
mis huesos, hasta el fin de los días, hasta
el fin del humo de los estercoleros.


®

Palabras sueltas-.

Las palabras se disecan,
cae el aire invicto sobre ellas
y formula preguntas, dudas,
aciertos irreverentes, ruinas
que las sílabas fraguan, una
a una. Son asaltos a la imaginación:
el terciopelo furioso que permanece
tras una noche de inacción.
Las palabras agreden, insultan,
ascienden del material indeciso
hasta cubrir de nieve muros y paredes.
Y cuántas noches no me habré detenido
en un sueño de miles de hormigas, destruyendo
y corrompiendo todo a su paso!
La letanía extensa de un cuerpo
que figura su sinrazón en letras de molde!
Yo más bien era sencillo: olvidé
panoramas y crueles decisiones, convoqué
a la dicha y la hallé repugnante, entonces
vibré con la agonía de un azor capturando
a su presa.
Entonces, hallé muertas las sílabas.


©

domingo, 3 de septiembre de 2017

Conocimiento-.

Pero he de conocer
el secreto encanto de poseer
cuerpo y acero dominados
por el hambre carnívora de un
traje envanecido en la penumbra.
El corazón dormitando en su abundancia
de ribetes y esperanzas, desesperadamente
convencido, tras el muro de todas las fortalezas.
He de conocer el imperio infantil
del oleaje tras la misiva embotellada,
tras el calvario inusual que ofrece paisajes
fraudulentos.
La acentuación interna del animal,
la respiración de la caja torácica,
el infame papel de las fieras opulentas
descendiendo de las calderas tumefactas.
Y he de comprender el último latido
de aquello que brilla sin esplendor, en el camino.
®


La otra cara-.

Porque quise
crucé el espejo
circunvalado
hallé mi silueta
tropezando consigo
en un vaivén depauperado
e ilógico, allí
nada lo suspendía-
terrenales bromas,
supeditadas sornas,
crepúsculos inventariados,
o propietarios del sueño,
todo quedó en suspenso-.
Porque quise
crucé espejos océanos mares
hasta el nivel de arterias
conquisté la otra cara-.


©

Insinuación voluptuosa-.

Lenguas enroscadas
que se abisman al fin
de todos los desfiladeros
donde se advierte la sinuosidad
del vértigo humano que fragua
y confunde una luna emancipada
de la tierra. Humaredas,
la temen los hombres, los incendios
forestales que fabrican insultos
e insolencias tergiversadas, cúspides
de amputaciones circundando la ambivalencia
incoherente.
¡Oh cordilleras inservibles! ¡Cuánto halago
estólido, qué naturaleza despoblada, cuánto
de improperio en mi savia, y qué olvido de
tu propia insinuación voluptuosa!

®

Historia-.

Qué rompan mis piernas
quizás en esas grietas tumultuosas;
la lascivia y la estupidez, expíen
sus vergonzosos crímenes.
Que la ignorancia y la razón
se mantengan a salvo de los
ruinosos paisajes que recrean.
Oh dios, dios bendito, cuánta
vida en cada drama, y cuánto
drama en cada vida.
Qué rompan mis piernas
que fustiguen con un látigo
mis axilas, mis extremidades,
que seccionen mi garganta,
que la historia no me absuelva,
que el fundamento de ella,
su regocijo interior de ser madrastra,
colisione en mis párpados, su furia
pretérita de símbolos arrancados.

®

Fundado sobre nada-.

Siempre igual. Rotundidades
sonoras que obligan a voluntades
de silencio a rugidos materiales
en la sombra, que evita mundos-
planetas. Siempre igual. El mundo,
esa oreja libidinosa, ese a solas con
él, ese materialismo orgánico que funda
sobre su nada, imperios, torres, barrancos,
geografías sin memoria ni olvido.
Soné por aquí, estuve entre los hombres,
fui de ellos un minuto, o quizás dos.
Mas, materia al fin, me deshice
y golpeé la tiniebla de la nada.


®

Esplendor verde-.

Lengua interior
que musitas desde el labio
una música diferente,
una cadencia y una armonía
de piedra sacrificada, de tótem
inteligente. Lengua enroscada
al paladar brusco, que incita
e invita a las zarzas enrolladas
de súbito quemarse, asoladas
vuestras islas furtivas, resta este
peñón inmenso de esplendor verde.


®

Otras naciones-.

Doy la cara
por mi nación,
por mi patria y por
mi andén del metro.
Doy la cara
por los hombres y mujeres
que pisan fuerte y no titubean
ni se estremecen.
Doy la cara
por el miedo
que aterroriza
por la razón
que amedrenta,
por el silencio,
que mata y quema
las lenguas blasfemas.
Doy la cara
por el vino, los odres
vacíos y las vasijas
enormes y opulentas.


®

Islas-.

Rebeldía solo me escucha
instantáneo suplir del ámbito
inactivo de plumas, cuerpos
silenciosos a la orilla suculenta
de un mapa agraciado de contubernios
y sofismos. Oh, rebelión
masas aglutinadas entorno a un
desliz, mirad cómo arrumban a playas
insólitas y a islas siempre inauguradas,
distintas. Su propio cuerpo de mazorca
danzante, sentencia revolucionaria,
su consumación de espíritu y de almas denegadas,
su desdén de altivos patios encarcelados en ramas
y en frondas activas de viejas plantaciones cafetales:
oh, Cuba intacta, milenaria, observando el mundo fetal,
el cafetal insomne destruido, al maíz despierta
los símbolos ampliamente codificados. Oh
sí, despierta, a las tabernas, icebergs y barbas sonoras
disueltas para siempre en tu cuerpo de reina indemne.


®