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sábado, 24 de junio de 2017

Desvanes-.

Existen desvanes de tristeza
como llantos y ruinas que emergen
tras un largo tiempo callados.
Existen siglos que parecen nubes,
y semanas que se asemejan a gritos,
y cantos de pájaros que se escuchan
en un dedo desgajado.
Existen llamas que inundan las colchas,
hoteles que saben a perdición, sombras
que acechan con su dinero barato, cofias
de mayordoma que se tornan indolentes
y pesadas en las manos.
Existen bondades que no son tales
sino cúmulos de rencor que el alma narcotiza,
y muchas verdades que parecen mentiras.
Existen esas cosas y esos objetos de la avaricia.

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La herida-.

Antes de la herida-.



Cuerpos en la niebla,
aparentando suicidios volubles,
piedras advertidas de su camino,
sombras apologéticas discriminando,
lo que no se escribe, sino que se vive.



Durante la herida-.


Formaciones minerales,
descartes de pechos enlechados,
lactancia común, sombrías adulaciones,
gestos, gestos iracundos, extrañas disquisiciones;
lo habitual convertido en piedra.



Tras la herida-.


Rezos y sogas,
polen seco y pétalos comidos,
mares de sueño, somnolencia sonora;
apartados huecos, reinos de indolencia
mecánica, reyes en la materia, ser espiritual,
sin duda.


24/06/17

viernes, 23 de junio de 2017

Gangrena en los ojos-.

Tengo gangrena en los ojos
diminutos minúsculos ínfimos
superficies derrocadas por tronos
vacíos esencias limitadas a sus vestigios
plurales, a sus demandas ocasionales,
a sus orgías despavoridas y gélidas.
Tengo muertes en las pupilas,
etéreos mantos de nieve que cubren mis llagas,
rosas increpadas e insultadas por voces pretéritas,
retales de ignominia que cumplimenta el enésimo
portavoz, fórmulas inacabables y bujías de vertederos
próximos aunque distantes.
Se enciende mi voz al recordar
al recordar tristes familias acabadas,
por el paso militar de un grupo de anocheceres,
por el triunfo exiguo de cantidades enervantes,
y recuerdo ecos de mis pasos incandescentes,
tropezando con huecos labios y árboles flexibles.
Y he de afirmar
aquello que aún sube por la nieve, como juguete descarriado,
como sombra apologética, como nube de espanto o término
desidioso, aquello que en mi voz todavía perdura y asiste
impertérrita, absorta, al cúmulo de desgastes originados
allá en los noventa. Décadas codiciadas
y permutables espejos, caídos a la desdicha
antónima de saberse futuro en un campo de resistencia.

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jueves, 22 de junio de 2017

Todo por un quítame allá esas...-.

Mierdas, y todos mis proyectos
por tierra antes de nacer. Mierda,
por bocas me azoté con el cilicio
de las marisquerías toda la vida.
Sin saber que al hacerme capullo en flor,
tiré por la borda más de un sueño mío
y suyo, en suma. Mierdas, todo por
la ira, el orgullo y el inútil reproche,
que más me valdría haberle puesto un pisito
en Somosierra, con motor a dos velas.
Y pensar que pudo ser mía, y pensar que la tenía
tan cerca, mierdas, por bocas estuve a punto
del delirio. Yo, que para no congelarme en
el estaño del puerto de Alcobendas, la perdí,
la perdí para siempre, intentando aparentar
que mis carcajadas no eran ya para ella, fingiendo
que a mi estrado se le secaron las palabras.

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Cuerpos-.

Cuerpos-.


Los desprecio. Los detesto. No consigo estar entre ellos sin sentir repulsa instintiva. No concibo la vida sin ellos, me enardece el deseo, pero al mismo tiempo, me dan asco, no me consuelan para nada. Son sólo cuerpos. Cuando y esto suele pasar a cierta edad ciega, se deja de tener recuerdos serenos de las cosas y de las gentes, uno se encierra en sí mismo y no resta nada para estar loco, entre ellos, definitivamente. Uno se imagina que la vida es para ser dada, para estar en ella de forma fétida, de forma repugnante, y es cierto, es así; pero no se alardea de ello, no se es locuaz ni elocuente. Es una batalla siempre astuta que funciona y se mezcla en y con el silencio.


11/06/17

miércoles, 21 de junio de 2017

Caudal de vida-.

Comento las últimas noticias
penetro la humedad de la tierra
absorta en su pedestal inquieto
titubeo sus ramajes y sus ásperas cortezas
dibujo panales de ignominia en los categóricos
puertos fluviales, señalo el índigo con nostalgia
soy el ocio de la ausencia. Látigos
inclementes, impiadosos, triturando mi esperma
solícito, la aurora vegetal que triunfa en cada
lado del ángulo. La humedad
sinuosa, su latido concreto, el pavimento recogido,
la estrecha cadera, el cordero neutro, la marisma
tan cierta como pez en la puerta instantánea.
Derribo señales, direcciones invisibles, voy por
los lados de la muerte, vomitando vida a caudales desbordados.

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Formas indecisas-.

Fui pez líquido
escurridiza materia
siempre dispuesta al
ahogo o al ahorcamiento,
siempre invisible en zonas aéreas.
Aguas multitudinarias, reptiles invencibles,
dragones cauterizados, devoción de ánade
extinguido. Todo eso fui. Sobre
la arena, pude discernir entre caparazones
de espuma y duras lavas de tierras exteriores.
De lagunas, de repeticiones fonéticas, de aritméticas
combadas, estoy hecho: el cielo es una forma indecisa
para mí: lo observo, y contemplo su eterna divergencia,
y mi alma se contrae, intentando adivinar qué cometa,
cuál estrella, navegará sobre mi frente alguna vez.
La tierra es una bodega incierta, en la que visto
mi cuerpo con atuendos diversos: verso su final, su fin
estricto y solidario entre brazos que sostienen una cruz
de amargura: no es mi alma especialmente altruista, en lo
esencial es una daga que dormita frente a un olivo.

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Pongo silencio-.

Pongo distancia con palabras
absuelvo el límite practicado
orejudo y carismático me salen
las palabras a borbotones, iniciando
moribundas veleidades de paloma.
Las palabras son ese saco humano
y cruel que causa más suicidios que
ninguna abrasión térmica. Son ese
inaudito término que origina mayor
perversión en el alma. Sus álamos
blancos, sus laúdes inciertos, tocan
las fibras de mi espíritu con razones
que sólo yo conozco. Tristezas aparentes,
símbolos de tierra, pergaminos desiertos,
son, todos, sombras gesticulantes en el borde
de la maleza. Estiro en el abismo un millón
de piedras, tejedoras de arbustos, que son el doble
de un espejo increíblemente roto.


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Yo quiero-.

Yo quiero que la noche más larga,
sangre su razón de dientes afilados,
compitiendo con las arenas, los fervores
de tu amor oscuro y disipado. Tú
que sabes, que conoces, el triste panorama
de mi cuerpo frente al tuyo. Tú
que olvidas mi recuerdo frente a un espejo
lleno de llamas donde acuden las palomas
a picar mi corazón externo.
Tú que clamas al pasado donde me encuentro,
y recuerdas la sangre y el vómito de tantos amigos
muertos.
Yo quiero que la noche más larga, sangre
sus razones de cementerio noble y extenso.


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