viernes, 24 de marzo de 2017

Ligeros vientos portuarios-.

Hay densidades como de arena
cayendo míticas sobre el cuerpo,
son canciones y azaleas tergiversando
odios crepusculares, alcazabas divinas
y estelares. Odio putrefacciones, desmantelo
vasos contiguos, diminutas aproximaciones
al bello hombro adormecido. En estado
de somnolencia, visito sepulcros, inicio
el contubernio de las sombras. Hay ligeros
paisajes de dormidos emblemas, de estatuas
livianas, acontecidas en el viento portuario
de la noche. Y una sombra de miles de azaleas,
golpea instintivamente el sueño de los hombres
vencidos. Habitaciones narcóticas y dilapidadas
imágenes, todo basta para contener la hipócrita
infamia. Adulterio insomne de parcelas arrasadas.
Hay quien visita al médico solo por un informe.
Y hay quien se acuesta taciturno al lado de una
esquirla probada.


©

Ángel expulsado-.

La rosa herbácea atraviesa incólume
el pecho hermético. No se trata
de insomne marea, pusilánime ecuación
de sombras indigentes. Se asoma
la luna a través del frío cristal horizontal.
La penumbra desasosiega el prurito inescrutable
de los ojos de las meretrices. Oh corazón
insaciable en tu tormenta de hojas y nieves.
Sierras ávidas, fósiles inquebrantables, helechos
desnudos que informan la tierra. Tenaz
hostilidad de un cuerpo que ejercita su musculatura
diabólica. Geografías exiguas, resplandecen
en los foros y aduanas sumergidas, placer
de dientes herbívoros, antes la lengua que gime.
Nupciales avenidas del sótano incierto donde
la brusca oposición de la maleza, interrumpe
nódulos de sangre pura. Oh vislumbre de ti,
territorio inexplorado de la tierra en que dulcemente
te acumulas y esparces. Desertas de un cosmos
que te impulsa y combate, leche oscura, concha
marina, terrena. Así el cielo expulsa la nodriza estrella,
en aullidos de habitación que rezuma huellas y melancolía
de estirpe.


®

Rama extendida-.

Tu cuerpo es una rama extendida
que inclina y somete voluntades.
Energía esclava de los volúmenes
disueltos en arenas y mordiscos voluptuosos.
Ruina que se recrea en la putrefacción
de un cuerpo esbelto y prodigioso.
Tus labios son la huella que asciende
sigilosa desde el depósito ardiente.
Cal humilde que profana los aditamentos
sin sucumbir nunca a la obligación postrera.
Tu cuerpo, tumba de sueños estelares,
sedimento que vuelve entre mis brazos.

®

jueves, 23 de marzo de 2017

Húmeda rama-.

Húmeda rama, tu cuerpo
se extiende como la savia
de un tronco muerto, extinta
llama de un humo sin ceniza.
El cuerpo, invita a la laxitud
cercana, aproxima lentitud
de enhebro al nostálgico predio
portuario. Llamas insolentes
despojan de curvas a la línea de
llovizna que absorbe la amplitud
de un pecho insobornable.
El eco profuso de tu cuerpo,
responde con murmullos acuáticos
al sonido repleto de signos de mis labios:
mira, la cabellera flotada entre estanques
gélidos y unánimes. La fractura
del hueco infinito que acoge la bendita
luz del día, formula un silencio como
de remota alegoría. El tiempo,
se llena de gorriones petulantes
en ofrenda.

®

miércoles, 15 de marzo de 2017

Silba la lengua-.

Ah vínculos que establecen
dos balleneros ocurrentes,
silba la lengua con su extracción
molecular, bífida suplantación
de cuerpos iracundos e inservibles,
observa tu propio prurito terminante
acogerse a los lagos flotantes de los cementerios.
Un hueso apenas comido
una rosa cuyo estatuto duerme entre cadenas,
un hueco de roca que el impulso hace líquido
por momentos, oh, deshacerme en tus nervios
hasta el remanso posterior.


©

martes, 14 de marzo de 2017

Enterrad esos fastos-.

Oh celebraciones y fastos
cómo indicáis lo qué somos,
pero, apartaos de esa orilla.
Cruzad la vereda que conduce
a la otra, la opuesta: aquella tan hermosa
mano dispuesta sobre los ribetes
de flores, aquel cuerpo esbelto
embelesado en multiplicar su fecundidad.
Aquel brazo que se extiende hasta
rozar las piedras del lecho en que flotan.
Oh fastuoso carruaje mortuorio
cómo fascináis a los gusanos y a los muertos
mas no a mí, que se me antoja la vida,
eterna.


®

lunes, 13 de marzo de 2017

Amnesia-.

Un insecto devorador en la tumba afrodisíaca
execra la voluntad firme del macho que olfatea
con tenacidad de orquídea, la flora en que se
danza la orgía macabra de los órganos dispuestos.
Sobre este lienzo, de misteriosa belleza, un alcaudón
prolífico de naturaleza ambarina, programa su protesta
para ser inesperado triunfo en la maleta desaparecida.
Un pecho tan sumergido, en la tiniebla densa de los labios,
que causa espasmos violáceos, nubes cargadas de hormigón.
Creer en uno mismo, es como creer en Jesús de Jericó.

®

Utopía-.

Hay disidencias tan claras
como agua que empapa las camisas
adolescentes
maldiciendo la vida en su empuje fatal
hasta empuñar el arma como una botella
insana
hay disidencias tan obvias
que encharcan el piso y las ventanas
orinando sobre suaves compromisos
acercándose sutilmente a las estimables locuras.
La botella es un fusil
en aquellas almas que utilizan
su rencor sabiamente.
Escuché una orilla tan larga
barba espesa desnudo cuerpo
en la malsana evidencia de tanto cansancio
y tuve que esforzarme por acatar
leyes y opresiones.
Luego me hablarán de amor
aquellas tiernas cataratas
con su sabor de mierda o de hez
siempre el amor naufragando entre quimeras
su utopía desvelando mensajes carismáticos
como venas o maderas ligeras.
Luego vendrán suavemente
a recoger el cuerpo incinerado
la amable compañía el cenicero olvidado
y cuando crezca, seré el viento
tan fuerte que arranca dientes.

©

domingo, 12 de marzo de 2017

Voz ausente-.

Voz mía
voz del corazón-.




Veo. Esa mano
extendida al feto,
que subraya su ínfima
incertidumbre futura, su
célula martirizada por un
mondadientes petrificado.
Veo, aquella sucesión de voces,
de cristales empañados, de lluvia
inmensa acaecida en la neblina interior
de un bar desvanecido entre las ferreterías.
Veo. Ese golpe que taladra la leña periférica,
el astringente deseo de un niño voraz arreciar
tras lo íntimo de un pañuelo negro o morado,
repentinamente desierto.
Y se van mis manos. Se van
tras desiertos íntimos y flores
de pegamento, de callejas fósiles,
de basuras recibidas en armarios.
Veo. La lluvia callada meterse
en las iglesias en las cátedras o en las
bibliotecas, sin nadie, sin nada, polvo
y amanecer de huellas.


©

Ciudad desecha-.

¿En qué terrible página,
cuya acuñación todavía
persiste nimbada de ese crepúsculo
que otorgan los dioses a un níveo
esplendor callado, mi signo se oculta
y disloca? Caballero portentoso, de
relucientes armas, mi vida carece argumento
o trama. Miro, y observo, en detalle,
el silencio que, como una agrupación de terrores,
escondo en mi interior. Una nube blanca
de mosquitos, paralizaría mejor a esa arriesgada
y vindicativa libélula que, ante mí, magnética se alza.
¿Qué me ocurre, oh Señor, para así, guardarme
de mis hermanos, ser poderoso en la falacia,
y preservar el rayo justo detrás de un armario delicuescente?
¿En qué mentira depositar ya mi néctar
enjundioso, mi profecía eterna, mi ambrosía
díscola y alfarera?

©

Amorosa higuera-.

Oh amorosa higuera
de los siglos de mi infancia, abrupta
y abisal, repleta de signos enquistados,
que asumían su recinto en sagrado
corazón intacto. Higuera
de mi niñez, reflejo en mi espejo sin incertidumbre,
agua mineral corriendo libertina, indescifrable,
aquel, aquel que llena la vida
de sombras habitadas, oh higuera
de mis demonios, ángel estricto que derrama
su azul de lengua oceánica.
Yo te toqué, te palpé, con música
melodías en mis labios, en mis ojos desvanecidos,
en las lagunas de sombras que buscaron
el signo en tu apertura de cortezas y llantos,
tan inmaduros. Te tuve
tanto tiempo entre mis brazos, amorosa,
amante higuera, que me crecieron solas
las almendras gigantes y el cielo se llenó
de solas y hermosas gargantas.

©

sábado, 11 de marzo de 2017

Intimidad y cielo-.

Mientras tú vagas disuelto entre esporas
mientras alcanzas el cenit con tus hermosas manos
yo vago entre estas calabazas dispersas
que aúnan mi cuerpo a la tierra que me amplía.
Mientras tú discurres pacíficamente entre lentas aguas
de ti ignorantes, yo atravieso el mármol de lo pedestre.
Cuando tú absorbes materias para tu grácil deslizamiento,
cuando tú reanudas sangres para tu íntimo descuartizamiento,
yo asolo avenidas cuya sombra lóbrega me recuerda sutilmente
tu espalda de marinero.
En ti los ojos son verdes y amorfas aguas desnudas,
que la tierra ciega, con tu lento caminar entre densos pinares
de materias difusas, mi cuerpo entrega en cada paso, y en cada jadeo,
un deseo febril de sembradura y adoctrinamiento.
Ahora que me ves, descalzo, hierático, inoportuno,
como es habitual, como es de siempre, presumido y docto,
abotonado hasta la médula radiante, mezclo mi saliva
y mezclo mi odio, hasta disuadir los troncos naturales.
Tú, amigo, que caminas por un sendero ignoto, sin
un solo gemido de angustia.
Tú, rey de oscuras gardenias improcedentes.

©

Bálsamo-.



Marcas, en tu piel,
un territorio balsámico
donde nocturnas vicisitudes
o calendarios importunos,
no significan nada.
Vuelo con tus alas de ángel
sobre robledales de desdicha,
tenues opacidades del olmo aquel,
que en vigilia, se mantiene tronco
acerado contra la noche de fondo.
Mi piel es indagada, investigada
por ti, cuya bendita mano se desliza
por heridas y mutilaciones, asombrosas
amputaciones del alma que quiere
regresar a su viejo enclave de alas
y estorninos.
La música de Schubert en este caso
nos alza y nos encuentra en el aire,
haciendo caso omiso de las repercusiones
que en tierra, alcancen nuestros actos
y premuras libidinosas.
Y yo soporto tus alas y tú, las mías,
en idéntico acto de reciprocidad hermoso
nuestro cuerpo funde la sangre coagulada
en una sola primavera.

®

El odio indeciso-.

El odio es una poltrona
a la que sucesivamente
vamos incorporando todo
tipo de materiales, observemos,
que invariablemente explosivos.
A él, a su saco de desventuras y
de despropósitos de nuestra azarosa
existencia, agregamos la inevitable
porción de asco, pena, desagrado
insignificancia, locura, demencia,
estulticia y mordaz arrepentimiento.
No encubrimos nada con ello.
Nuestra realista posición en la vida,
es la de aquel eremita que nunca supo
bajarse de la columna en el desierto.
Nos entristecemos, extraemos del saco
inefable de ese lenitivo, la lección adecuada
para continuar excelsamente ilusionados;
nos deprimimos hondamente, creemos
entonces, que las palabras pueden servirnos
no para aliviar tensiones que, en definitiva,
es la para lo que sirven, si no y más estúpidamente
sentenciamos y queremos hacer arte de nuestras
depravaciones y nuestros delirios y desvíos.
Oh, tener que ahondar en la pena, y no, como
debiera ser, quitarnos de en medio, de una vez
por todas, como quién asesina a un mosquito!
Verdaderamente, la historia de la crucifixión
es la nuestra, con un buen porcentaje añadido
de zozobra y decepción.


®

Poema en soledad marina-.

La rosa herbácea atraviesa incólume
el pecho hermético. No se trata
de insomne marea, pusilánime ecuación
de sombras indigentes. Se asoma
la luna a través del frío cristal horizontal.
La penumbra desasosiega el prurito inescrutable
de los ojos de las meretrices. Oh corazón
insaciable en tu tormenta de hojas y nieves.
Sierras ávidas, fósiles inquebrantables, helechos
desnudos que informan la tierra. Tenaz
hostilidad de un cuerpo que ejercita su musculatura
diabólica. Geografías exiguas, resplandecen
en los foros y aduanas sumergidas, placer
de dientes herbívoros, antes la lengua que gime.
Nupciales avenidas del sótano incierto donde
la brusca oposición de la maleza, interrumpe
nódulos de sangre pura. Oh vislumbre de ti,
territorio inexplorado de la tierra en que dulcemente
te acumulas y esparces. Desertas de un cosmos
que te impulsa y combate, leche oscura, concha
marina, terrena. Así el cielo expulsa la nodriza estrella,
en aullidos de habitación que rezuma huellas y melancolía
de estirpe.


®

Abyección cotidiana-.



Ante todo, lo más miserable
la derrota más completa del cuerpo
el silencio irreductible acompasando
la abyección cotidiana. El sustento,
la parentela eficaz contraviniendo
órdenes, capulladas, callosidades,
términos y cláusulas del contrato
no pactadas. Aquí, en el orgasmo
solitario de una placenta en derribo
y construcción permanente, donde
tiemblan los opúsculos inauditos
que vulneran las leyes siniestras
de aquellos que convergieron dentro
de sus válvulas y vulvas de tierra.
Aquí el cuello dividido, la sección
oculta del ejército en la bruma, la naturaleza
impregnada de toda la tristeza, la exaltación
de un cabello que fascina a su verdugo.


®

Composición-.

Y renacen en mí partituras
primaveras, orquestas elementales,
del tiempo contravenido, de la
voz que autoriza secretos murmurados.
Retornan a mí, cuerpos y mentes,
silencios y sangres, del campo de concentración
en que se convirtió mi vida.
Con las alambradas compuse un cuarteto
de los minerales desplazados supuse ser maestro,
de las sotas de bastos, de nuestros naipes,
me hice dueño en silencio.
Aquel bar se convirtió en humareda,
polvo, algo que flota, en la atmósfera,
disuelto.
Un bar que pudo ser nuestro, bandera
de nuestros sentimientos, emblema
de nuestros deslizamientos.

©

A Portugal me iría-.





A Portugal me iría
con una columna de fuego
con un pedernal en la mochila;
para prender retamas en Lisboa
para coger el tranvía y visitar
de lejos a Pessoa.
A Portugal me iría,
a quemar fantasmas
de la vieja era, del
terraplén de arena,
de la sucia estopa.
Sí, a Portugal me iría.

®